El Mapa de los prejuicios

El Mapa de los prejuicios


LISTA

Me considero de Madrid aunque no nací aquí y aunque mi padre intentó, y casi consiguió, hacerme ciudadana del mundo leyéndome a Montesquieu desde que me salieron las orejas. Todo eso está muy bien pero soy de Madrid.

El universo, el cosmos, lo inventaron los rusos o los americanos… pero en Madrid, OH Madrid, hasta la gente que te cae mal, te cae bien. ¿Y quién necesita amistades en Madrid? Tener amigos es necesario en Barcelona, en París, en NY…pero en Madrid, Oh Madrid, fiel compañera, la suerte de la fea la bonita la desea…

Madrid, desordenada, seca, como mujer sin pechos, no podremos salir de tu poderoso hechizo de libertina, y jeta, inteligente y generosa. Todos los sinvergüenzas son de Madrid.

Qué tierna Oh Madrid, con tus monumentos casi bellos y tus avenidas casi grandes y tus tiendas casi elegantes y tus mujeres casi guapas. La ciudad donde los snobs no pueden serlo, porque Madrid se ríe muy alto. Chula.

Eres como una gitana pizpireta y liante del Retiro, donde todo es mentira pero de Ley. 

Con tus veranos de lija irrespirable, con tus terrazas de plancha con mantequilla y cucaracha. Qué fresca eres Madrid. La ciudad que se traga a los majaderos con churros. Me debo a ti Madrid,  tú me lo has dado todo sin yo pedirlo. Madrid, Oh Madrid, tu sí que eres feliz.




GATO

Como si fueran lunáticos, evito la compañía de las personas excesivamente cautelosas. Si el mundo estuviera poblado por ellos, no existiría el genio, la inspiración, no habría amor. La vida es como un anuncio de tampax, simpática, corta e irrelevante. Y en ella la seriedad, la prudencia y la madurez son ridículas e inadecuadas. O aprendemos una forma inteligente de mostrar rabia y  pasión o seremos cabalmente iguales que un delfín o que una hormiga. Los sentimientos humanos tan devaluados por la religión y la psicología del s.XX, nuestras pequeñas o lorquianas miserias son lo único que nos hace Hombres. Contemporizar es empezar a morir, perdonar es querer poco. Necesitamos no ser tan condescendientemente tolerados, para espabilar.

La madurez es una chapuza, un parche triste y mal cosido que conduce a la amargura. Se nos educa para contener el sentimiento y evitar su exteriorización, habrá que dominarla y almacenarla para utilizarla más tarde de manera sintética: hay que fingir alegría, ocultar el enfado, omitir el deseo, la rabia, el hambre, hay que esconder la agresividad. La madurez produce ansiedad, neurosis e incluso cáncer. Algo peor: la madurez te afea.

Los niños viven en un estado de consciencia plena que envidio y admiro e intento replicar; atentos a lo que pasa, cada segundo, reaccionan con una naturalísima asertividad. Los niños, son pequeños psicópatas, creativos, divertidísimos, capaces de agredirte por una piruleta,  dispuestos a entregarte impúdicamente todo su amor si les gusta tu pelo o como hueles. Los niños te abrazan con los brazos y las piernas. Los niños reconocen a la gente que vale. Ellos saben quién tiene swing…

Cuando se acaba la infancia, entramos en la cinta en movimiento del aeropuerto a ninguna parte, un trayecto en el que nos sabemos sujetos pasivos, como maletas, donde moverse  no cambiara en nada la trayectoria ni el destino. Las preocupaciones y pavores por el futuro, la inquietud, el temor a la catástrofe son miedos fundados, realistas. Los males existen y todos nos van a ocurrir, uno por uno, sin remedio. Hay tiempo y espacio suficientes en la vida, para que las permutaciones de la fatalidad se ceben contigo, con la gente que amas y con cada uno de tus vecinos.

Se dice que la infancia es la patria del hombre:  ¡regresemos!. Y así,  amenizados, por las formas más burguesas de pataleta, por el “discreto encanto” de nuestros ridículos desajustes cotidianos, olvidaremos la muerte, el verdadero adiós, el desamor, la enfermedad, el dolor físico, la insignificancia, el declive que pronto vamos a experimentar.

Vivamos con alegría nuestro melodrama de poca monta en el cosmos, pero con gran propagación en nuestro barrio, entre amigos, entre  títulos, másters, idiomas, bolsos de marca, complejos judeocristianos, pequeñas pasiones progresistas mal hilvanadas, viajes, y dolientes relaciones sentimentales donde nadie sabe con certeza donde están las llagas de los demás, aunque se intuyan cubiertas por variadísimos modelos de Inditex.

Escarmienta a la vieja egoistona que se te cuela a diario, dilata tus estúpidos problemas: ¡Volvamos a lo salvaje!: Abajo la universalidad, que el universo, pasa de ti _si vuela Madrid entera en mil pedazos, al universo, le da lo mismo. No leas a  Kant, ni a Gandhi, imítalos, par de inmaduros y egocéntricos, histéricos de sus ideas y de la relevancia de sus biografías.

Aquí de lo que se trata es de olvidar lo que realmente pasa: NADA. La verdadera película de miedo, el nihilismo más atronador es este: Tanto cuidado, dadas las circunstancias, es de una ingenuidad soporífera. ¡No vivas de rodillas!, disfruta cada segundo del “monstruo” que hay en ti, lo único que en ti es Hombre.

 


Creo que hay una cosa evidente, que es que para estar desencantado hace falta antes haber estado encantado. Y yo desde luego no recuerdo más que cuatro o cinco momentos muy frágiles y muy huidizos de mi vida, el haber estado, digamos, encantado. Yo diría mejor ilusionado. Creo que el desencanto es una cosa, el desencanto, o el aburrimiento, o la desilusión, o lo que se quiera llamar, es una cosa que me ha venido impuesta por muchos y variados elementos, ¿no?, y en el que yo simplemente, pues como en todo, he participado como espectador nada más.
Michi Panero en El desencanto (Jaime Chávarri, 1976)

 

 

(via tinyfactss)



(via rocio-olmo)


DESCUBRA SI ES USTED TONTO DEL CULO
Todos llevamos un tonto dentro.  Un botarate que se hace presente pocas veces en algunos casos y en otros domina la personalidad y se enseñorea de aquel que habita.
Este fenómeno se da en todos los estratos de la sociedad y en cualquier ámbito cultural del mundo; allá donde se posen tus ojos, hay tontos.
No confundamos tontería con buen o mal gusto o buen o mal funcionamiento. Y no mezclemos con lo del buen o mal corazón. La estulticia responde a una serie de características, cualidades y motivaciones muy concretas que vamos a analizar.  
Si te descubres enojado por la estupidez del vecino, no seré yo quien te juzgue, pero  recuerda que nos irrita aquello en lo que por alguna razón nos sentimos identificados, y cuanto más aludidos, más nos irrita.
Aquí podrás encontrar las conductas, acciones o comportamientos propios del necio, el gilipollas, el idiota y hasta el imbécil. Se valiente, y analiza si tu nivel es corregible o si por el contrario eres un obtuso irreparable:
El tonto dice lo que piensa, se diferencia del inteligente, en que lo hace sin conocer ni siquiera sospechar, las consecuencias ni como sus opiniones pueden alterar el entorno.
El tonto no tiene humor.
El tonto opina rápido, piensa rápido, decide rápido, lee rápido: las ideas, siempre provenientes del exterior, penetran por sus sentidos y atraviesan su hueca mollera como flechas, sin encontrar resistencia alguna que amerite reflexión.
Los sentidos del tonto son agudos. Son seres hiper-alerta, prestos a responder sobre los extremos más prosaicos, aunque útiles: la hora, la temperatura, la programación televisiva, la fecha y los días festivos, la farmacia de guardia, el precio de la cesta de la compra, el nombre del último antiviral en el mercado de la gripe…
Un tonto bien manejado es como tener un ipad.
El tonto, no es responsable, aunque pueda impostar diligencia en los asuntos más fútiles para compensar su falta de chicha.
El tonto siempre se lleva el trozo más grande de la tarta, como una bestiecilla callejera.
El tonto es ingenuo como un niño, pero con muchos pelos.
El tonto habla de más, traiciona, en primer lugar a sí mismo. El tonto no es de fiar.
El tonto no tiene opinión, aunque defiende con pasión las teorías de los demás sin saberlo.
El tonto es incoherente: las ideas que cree suyas las ha tomado aleatoriamente de las fuentes que se ha ido encontrando, su ideario es como una ensalada repleta de variadas frutas y verduras de temporada, aunque difícilmente combinen entre sí.
El tonto es vulgar, doméstico, no existe en él la capacidad de crear pensamiento ni descubrir camino alguno de interés en ningún aspecto.
El tonto es aburrido, incluso para otros tontos como él o más.
El tonto miente, aun no se ha descubierto si es por su  ineptitud para asimilar, retener y relacionar los elementos o si ha desarrollado tan linda cualidad como mecanismo rápido y animal de defensa, a sabiendas de su desventaja intelectual.
El tonto no es trigo limpio, la misma frutería de promoción que lleva por cerebro, le ha impedido construir una conciencia o moral mínimamente elevada o digna.
El tonto es grosero por naturaleza  y la mayoría de las veces imprevisible ya que su conducta no responde a ningún fenómeno racional; cuidado con el tonto.
El tonto no entiende ni papa.
El tonto puede triunfar en las discusiones o debates, no por su argumentario, ni su dialéctica, sino precisamente por su falta de empatía, rigor y delicadeza.
El tonto no se avergüenza, no conoce el ridículo; mejor, no te midas con un tonto.
El tonto copia, replica, pero lo hace mal.
El tonto no se exige mucho pero afortunadamente para él, casi todo el resto de sus congéneres también son tontos.
El tonto no es sexy, la tonta sí. (Este hecho merece un post particular).
Un tonto si sale dócil, acatará la normativa vigente, será políticamente correcto, incluso religioso y llevará una vida sin sobresaltos, una buena vida, aunque esto no obedece en ningún caso a una gestión madura ni ética de los acontecimientos.
Un tonto dócil o religioso es una bendición, lo malo, el verdadero cáncer es el tonto con iniciativa. Todos los males del mundo, la auténtica devastación de la sociedad es y ha sido a lo largo de la historia producto de iniciativas estúpidas. El tonto, cuando sale inquieto, debiera recibir la atención de un psiquiatra y hacer mucho deporte y muchos puzles de 4000 piezas. Desafortunadamente para todos, hasta la fecha, el tonto proactivo, se hace terrorista o político.
El tonto es feo: para ser bello y atractivo es necesario el brillo de la inteligencia en la mirada.
Bien aconsejado, el tonto,  puede ser modelo de elegancia. Para tener un porte verdaderamente aristocrático viste mucho, cierto grado de retraso mental. Y a la inversa, la mucha inteligencia produce un aspecto irremediablemente burgués.
El tonto no entiende de Arte, pero visita Arco_para disfrutar de Arco (fuera de la industria, por supuesto)  lo único indispensable es no entender de arte o ser tonto.
El tonto puede ganar mucho dinero.
El tonto es muy listo.

DESCUBRA SI ES USTED TONTO DEL CULO

Todos llevamos un tonto dentro.  Un botarate que se hace presente pocas veces en algunos casos y en otros domina la personalidad y se enseñorea de aquel que habita.

Este fenómeno se da en todos los estratos de la sociedad y en cualquier ámbito cultural del mundo; allá donde se posen tus ojos, hay tontos.

No confundamos tontería con buen o mal gusto o buen o mal funcionamiento. Y no mezclemos con lo del buen o mal corazón. La estulticia responde a una serie de características, cualidades y motivaciones muy concretas que vamos a analizar.  

Si te descubres enojado por la estupidez del vecino, no seré yo quien te juzgue, pero  recuerda que nos irrita aquello en lo que por alguna razón nos sentimos identificados, y cuanto más aludidos, más nos irrita.

Aquí podrás encontrar las conductas, acciones o comportamientos propios del necio, el gilipollas, el idiota y hasta el imbécil. Se valiente, y analiza si tu nivel es corregible o si por el contrario eres un obtuso irreparable:

  • El tonto dice lo que piensa, se diferencia del inteligente, en que lo hace sin conocer ni siquiera sospechar, las consecuencias ni como sus opiniones pueden alterar el entorno.
  • El tonto no tiene humor.
  • El tonto opina rápido, piensa rápido, decide rápido, lee rápido: las ideas, siempre provenientes del exterior, penetran por sus sentidos y atraviesan su hueca mollera como flechas, sin encontrar resistencia alguna que amerite reflexión.
  • Los sentidos del tonto son agudos. Son seres hiper-alerta, prestos a responder sobre los extremos más prosaicos, aunque útiles: la hora, la temperatura, la programación televisiva, la fecha y los días festivos, la farmacia de guardia, el precio de la cesta de la compra, el nombre del último antiviral en el mercado de la gripe…
  • Un tonto bien manejado es como tener un ipad.
  • El tonto, no es responsable, aunque pueda impostar diligencia en los asuntos más fútiles para compensar su falta de chicha.
  • El tonto siempre se lleva el trozo más grande de la tarta, como una bestiecilla callejera.
  • El tonto es ingenuo como un niño, pero con muchos pelos.
  • El tonto habla de más, traiciona, en primer lugar a sí mismo. El tonto no es de fiar.
  • El tonto no tiene opinión, aunque defiende con pasión las teorías de los demás sin saberlo.
  • El tonto es incoherente: las ideas que cree suyas las ha tomado aleatoriamente de las fuentes que se ha ido encontrando, su ideario es como una ensalada repleta de variadas frutas y verduras de temporada, aunque difícilmente combinen entre sí.
  • El tonto es vulgar, doméstico, no existe en él la capacidad de crear pensamiento ni descubrir camino alguno de interés en ningún aspecto.
  • El tonto es aburrido, incluso para otros tontos como él o más.
  • El tonto miente, aun no se ha descubierto si es por su  ineptitud para asimilar, retener y relacionar los elementos o si ha desarrollado tan linda cualidad como mecanismo rápido y animal de defensa, a sabiendas de su desventaja intelectual.
  • El tonto no es trigo limpio, la misma frutería de promoción que lleva por cerebro, le ha impedido construir una conciencia o moral mínimamente elevada o digna.
  • El tonto es grosero por naturaleza  y la mayoría de las veces imprevisible ya que su conducta no responde a ningún fenómeno racional; cuidado con el tonto.
  • El tonto no entiende ni papa.
  • El tonto puede triunfar en las discusiones o debates, no por su argumentario, ni su dialéctica, sino precisamente por su falta de empatía, rigor y delicadeza.
  • El tonto no se avergüenza, no conoce el ridículo; mejor, no te midas con un tonto.
  • El tonto copia, replica, pero lo hace mal.
  • El tonto no se exige mucho pero afortunadamente para él, casi todo el resto de sus congéneres también son tontos.
  • El tonto no es sexy, la tonta sí. (Este hecho merece un post particular).
  • Un tonto si sale dócil, acatará la normativa vigente, será políticamente correcto, incluso religioso y llevará una vida sin sobresaltos, una buena vida, aunque esto no obedece en ningún caso a una gestión madura ni ética de los acontecimientos.
  • Un tonto dócil o religioso es una bendición, lo malo, el verdadero cáncer es el tonto con iniciativa. Todos los males del mundo, la auténtica devastación de la sociedad es y ha sido a lo largo de la historia producto de iniciativas estúpidas. El tonto, cuando sale inquieto, debiera recibir la atención de un psiquiatra y hacer mucho deporte y muchos puzles de 4000 piezas. Desafortunadamente para todos, hasta la fecha, el tonto proactivo, se hace terrorista o político.
  • El tonto es feo: para ser bello y atractivo es necesario el brillo de la inteligencia en la mirada.
  • Bien aconsejado, el tonto,  puede ser modelo de elegancia. Para tener un porte verdaderamente aristocrático viste mucho, cierto grado de retraso mental. Y a la inversa, la mucha inteligencia produce un aspecto irremediablemente burgués.
  • El tonto no entiende de Arte, pero visita Arco_para disfrutar de Arco (fuera de la industria, por supuesto)  lo único indispensable es no entender de arte o ser tonto.
  • El tonto puede ganar mucho dinero.
  • El tonto es muy listo.